ESTHER PINILLA SERRANO
Introducción
Mirar hacia atrás y reconocer mis fallas en el proceso lecto-escritor, así como identificar mis cualidades, son parte de este escrito que quiero compartir con ustedes, además las vivencias personales que han marcado mi vida y que de una u otra forma me han permitido convertirme en una mejor persona.
Resultado del Autodiagnóstico
El autodiagnóstico de la página 19 del módulo, es regular. Debo crear hábitos que me permitan mejorar mi proceso lecto-escritor, ya que es una herramienta indispensable en la educación a distancia.
HISTORIA LECTO-ESCRITORA
Un 23 de abril d
e 1972, en la ciudad levítica de Colombia la vida me da la oportunidad de existir y con esto compartir la felicidad de mis padres. Como compañera fiel en todo momento allí estaba mi madre. Una mujer humilde de 30 años de contextura obesa, mejillas rosadas. Acababa de dar a luz a su primera hija esperada por todos,especialmente por mi padre que a sus 45 años aún no tenía descendencia. Mi padre era un hombre rudo, callado, usaba lentes muy gruesos era difícil a través de ellos observar el color de sus hermosos ojos azules; sus manos llenas de callos, muestra del duro trabajo, que seguramente tuvo que iniciar desde su niñez, pero al mismo tiempo retozaba en su humanidad la salud, característica fácilmente reconocida en los hombres, hijos de esta tierra santandereana.

Tengo lindos e inolvidables recuerdos de la casa en que viví mi niñez; era un espacio pequeño y acogedor, tenía un olor característico no sé si a tierra o al humo que expedía el fogón de leña donde mi madre permanecía la mayor parte del tiempo, las paredes eran de tierra y cañabrava, teja de barro, tenía dos habitaciones, mis padres ocupaban la habitación principal y nosotros, mis hermanos y yo, compartíamos la otra, apenas podíamos movilizarnos sin ocupar el espacio del otro. Hay algo que nunca podré olvidar: los ronquidos de mi padre que se escuchaban claramente desde la otra habitación y que perturbaban nuestro sueño.
El patio de tierra era mi lugar favorito para jugar, allí compartía con mis hermanos y vecinos jugando a la lleva, la gallina ciega etc., sólo puedo recordar que el juego se convertía en una eterna discusión a la que mi madre debía poner fin.
Los escasos recursos económicos de mi familia no me permitieron salir de mi pueblo hasta la mayoría de edad, los paseos se realizaban a una quebrada ubicada a tres kilómetros y por lo general eran cuando algún familiar cumplía años, llegaba de visita o para finalizar las vacaciones, era una aventura maravillosa, corría en compañía de mi primos descalza por los montes aledaños, cazaba mariposas de colores, grillos, degustábamos el sancocho campestre y las melcochas que hacía mi madre que resultaban una delicia al paladar.
Llegó el momento de desprendernos de estos deliciosos momentos en los que sin otra preocupación que la de ganar, compartir con mis hermanos y disfrutar de cuanto juguete o material llegaba a nuestras manos, transcurrían nuestros días; ahora llegaban los de pequeñas responsabilidades, los de deberes por cumplir, los de calificación de tareas en fin , llegaba…la escuela, por fin la escuela; para nuestros padres iba a ser un descanso en algún momento de la dura jornada de cada día, nuestra algarabía, aunque la iban a extrañar, les iba a permitir despreocuparse un poco de nosotros y retomar sus labores con mas dedicación, pues había llegado el momento de iniciar el camino que nos conduciría algún día al logro de nuestras metas.
De la mano de mis padres recorrí el camino que me llevaría a iniciar otra etapa de mi vida, caminé temerosa hacia lo desconocido, con mucha angustia tuve que desprenderme de todo mi entorno, para mi fue una experiencia muy dura ya que era una niña tímida, recuerdo muy especialmente la escuela era un sitio tenebroso y frío, sólo sentía miedo al pensar en este lugar.

Mi profesora de primero, SARA tenía ojos verdes, piel blanca y cabello castaño, en su mirada reflejaba la dureza y disciplina; en medio de reglazos aprendí a medio leer y escribir con la tradicional cartilla COQUITO después de incansables planas de ma, me, mi y pa, pe, pi.
ANGELITA, como tradicionalmente la conocían en la Escuela Central de Mujeres, era mi profesora de segundo, de 45 años aproximadamente, inspiraba dulzura y confianza,
aunque tenía serios problemas en su oído izquierdo y siempre había que hablarle por el lado derecho. Allí tuve que reemplazar mi inseparable y adorado lápiz por el lapicero, reconocer que mis errores no podían ser remediados con el borrador y empezar a pensar antes de escribir, perfeccioné mi lectura, aprendí los colores, las formas geométricas y alguna que otra operación matemática.
Tercero para mi fue un año difícil, la profesora LEONILDE tenía una metodología diferente para enseñar y aunque ponía todo de mi parte no resultaba; incansables llamados de atención, notas a mi mamá y castigos, no hacían de éste el mejor de los años, pero no se si por inercia o por suerte pude superar este año y pasar a cuarto.
Cuarto y quinto con ROSITA la profesora risueña y comprensiva fueron años de calma donde pude aprender, “sobre todo a rezar”, conocí nuevas amigas y empecé a ver la vida de un modo diferente, ya no era la niña sumisa y esquiva que tenía miedo de ir a la escuela sino una personita un poco más madura y menos insegura. Ya leía con propiedad, podía analizar un escrito y saber cual era el tema principal, algo de ortografía y redactar aunque con dificultad.
La secundaria otra etapa que marca mi vida, ingresé al Colegio de las Hermanas Betlehemitas con mucho sacrificio y gracias al trabajo de mi mamá como bordadora. Tenía la oportunidad de formar parte de la mejor Institución del pueblo. Con la disciplina y rectitud que caracterizaba estas religiosas aprendí nuevas materias, ya no tenía una sola profesora como en los años anteriores sino que tenía que enfrentarme a diferentes genios, culturas, maneras de explicar y sobre todo al resto de asignaturas que para mí en gran parte eran totalmente desconocidas. Me sentaba en el primer puesto de la clase, ponía atención a las explicaciones, preguntaba lo que no entendía. Mi mamá ya no se sentaba a explicarme porque aunque quisiera ella sólo había terminado la primaria; así que tenía que esforzarme el doble.
Ya en secundaria, me sentía que había crecido que tenía que ser muy responsable con los deberes escolares, en lo posible ser la mejor, para empezar a devolver todos los sacrificios que día a día hacían mis papás, al menos de la única forma que en ese momento estaba a mi alcance, recibiendo las mejores notas y apreciaciones de mis profesores, que en últimas siempre es lo que mas satisfacción y alegría causa a cualquier papá del mundo.
Así pasaba cada año, con la preocupación de alguna materia que se me hacía muy difícil o que no lograba sacar la nota que se necesitaba para pasar, a la par, se desarrollaba mi cuerpo, mis encantos empezaban a hacer pinitos de conquista en los jóvenes vecinos de mi edad, situación que no dejaba de ser inquietante para mi, pues además de desconocida y halagüeña, tenía matices de competencia con todas las demás compañeras de mi edad o de mi colegio, pues en esa época era colegio sólo femenino y de monjas. Dentro de lo posible, pues las monjas siempre se han caracterizado por ser muy rígidas, trataba de arreglarme lo mejor, de estar impecable con mi uniforme y sentirme linda al lado de las demás compañeras de mi edad.

Y… al fin el grado, descansé de todas las clases de matemáticas, química, física, pero me gradué, con sobresaliente en humanidades, leyendo muy poco, los libros que obligatoriamente tenía que leer fueron ariscos en mis manos, nunca los
leí, conseguía los resúmenes hechos y era lo que presentaba para las notas respectivas; muy de vez en cuando y por consulta obligatoria me acercaba a la biblioteca, no tenía curiosidad por ningún libro o lectura que me llevara a visitarla.
En realidad, en mi hogar no vi, ni experimenté gusto alguno por la lectura; ningún adulto después de sus tareas laborales, encontraba un espacio para deleitarse o deleitarnos con alguna lectura de cuentos o historias, que hicieran de ésta un buen o agradable hábito en mi vida.
Mi pro
greso en la lectura ha sido paulatino, la necesidad de saber leer, entender, y escribir, han sido prioridad, ahora con la madurez del camino recorrido, han hecho que vea todo lo importante que es en cualquier campo la comprensión delectura , así sea para lo más mínimo como es interpretar un mensaje para poderlo devolver, sea en una conversación, o en el simple gusto de leer un cuento; en el ámbito laboral, que ha sido el que he tenido que tomar antes de tener estudios superiores, he vivido la necesidad de saber leer y escribir, en la comprensión de un escrito, una nota, un articulo de periódico, así como escribir la respuesta a cualquier requerimiento, son motivos, que me han llevado a aplicarme en la buena lectura.
Ahora, cuando el asomo del adulto es evidente y siento la independencia de ser mayor, de ser económicamente productivo, es que me he decidido por una carrera que además de aportarme mejores oportunidades laborales, me provee mental y culturalmente, despertando de esa somnolencia de criterios pobres, causados por esa pereza que adormece los buenos hábitos como son la lectura y la escritura, invaluables medios de la comunicación para la humanidad.
Empezaré a verle las cualidades como a la mejor persona del mundo; seré amiga incondicional y fiel de la buena lectura, aunque de momento sé que tengo que hacer lecturas un poco aburridas y análisis técnicos porque la carrera que elegí así lo requiere, pero no por eso dejaré de iniciarme en las lecturas que me gustan, que me deleitan, no por eso dejaré de sacar tiempo para descansar leyendo, no por eso dejaré de comprar un buen libro, no por eso dejaré de tener motivos para leer, no por eso dejare de escribir una carta de amor, no por eso dejaré que un buen amigo lea mi autobiografía. A partir de ahora encontraré muy buenos motivos para curiosear en una biblioteca, para regalar y regalarme un libro, para cultivar en mí y en mi entorno los mejores hábitos de lectura y escritura, que por las condiciones de época, lugar y situación, no se dieron en mi infancia.
Desde ya, estoy fortaleciéndome en mis habilidades de redacción, ortografía, interpretación y corrigiendo la falta de concentración, que seguramente desaparecerá con el creciente interés que en cada lectura surja, además del interés que me despierta formarme en talleres de lenguaje, ensayos y todos los medios que haya al alcance para conseguir formarme como un buen LECTOR-ESCRITOR.
Es bien cierto, que la lectura enseña, distrae, recrea, informa, y en cualquier idioma graficamos nuestro pensar para dejar huellas e historia a través de los tiempos a toda la humanidad.
¡ Y…VOILA fui capaz de escribir MI HISTORIA ¡
4 comentarios:
Esther: El enfoque y la redacción que le diste a tu historia me pareció bueno, solo quiero hacerte una pequeña observación, debiste discriminar mejor las partes de tu informe, y leer los anexos y las pautas que nos dió el profesor Chapeta, y si lo aplicas a tu informe te quedara excelente.
La felicito, tiene una manera muy bonita de escribir. Redacta bien y utiliza un lenguaje ameno.
¡TE FELICITO! TU REDACCION ES MUY BUENA Y ENCAJAS MUY BIEN LAS PALABRAS, CREO QUE TODO ES CUESTION DE PRACTICA Y POR LO QUE NOTE ERES AMIGA DE LA LECTO-ESCRITURA Y ESO TE SERVIRA DE MUCHO ,
BUENA SUERTE
Es un escrito bien desarrollado, pero está incompleto el trabajo.
Calificación 3.8
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