Mis padres se llaman Adalberto Villarreal y Berlides Quiñónez. Mi papá es moreno, con ojos cafés, bigotes y su voz es fuerte. Mi mamá es esbelta, morena, de cabello rizo y de ojos negros, su voz es más suave. La casa donde nací es de madera y pertenece a la familia Villarreal; está ubicada al lado de la plaza[1].
En el patio de la casa hay algunos árboles frutales como tamarindo, ciruela, guayaba dulce, anón y también maracuyá. A veces mi mamá sembraba pepinos y tomates. Cuando pequeña yo jugaba con mis hermanos y no era buena en los juegos que tuvieran que ver con correr. Una vez, cuando tenía siete años jugando a la lleva me escalabré con un poste de luz. Mis hermanos se llaman: Doris Adaniris y Manuel. Recuerdo que mi hermano me hacía jugar con él fútbol y canicas, si no, se ponía furioso y me daba un palo. Con mi hermana jugábamos a las muñecas y terminábamos peleando porque ella dañaba las de ella y luego las mías.
Mi mamá nos hablaba mucho de Dios y nos hacía rezar antes de ir a dormir. Así mismo nos llevaba a misa los domingos. También nos contaba cuentos. En época de vacaciones a fin de año nos íbamos a donde mis abuelos maternos en un lugar rodeado de agua y de mosquitos. Siempre teníamos que irnos a dormir temprano por culpa de los zancudos, pero jugábamos todos los primos con el Tío Cándido, quien me consentía mucho porque, según él, yo me parecía a mi abuelita.
No recuerdo mi primer día de clases en la escuela, pero si recuerdo cuando me llevaron a hacer la prueba de admisión: la hermana me puso a leer y a escribir, a contar, a sumar y a restar, para ver si me recibían en el primer curso y le dijo a mi mamá que sí.
Yo ya había estado un año recibiendo clases en casa de una profesora por las mañanas. Ella nos enseñó a otros niños y a mí a leer con la cartilla Coquito; igualmente nos enseñó a contar, a sumar, a restar, a leer y a escribir. Luego fui a la escuela Santa Rosa de Lima que es de religiosas y allí sólo íbamos niñas. Yo estudiaba al principio por la tarde, y luego cuando estaba en tercero me cambiaron a la jornada matinal. La escuela era grande, tenía dos patios, había unos salones y un patio en una zona más alta que la otra. Yo estudié en la zona más alta los cursos primero y segundo. Luego en tercero me cambiaron a la profesora. Mi profesora de los dos primeros años recuerdo que se llama Rosario, ella era flaca, joven y nos enseñaba con alegría; nos colocaba a trabajar mezclando a las niñas que sabían con las que no sabían. Mi compañera se llamaba Bienvenida y a la pobre le costaba las matemáticas. Nos evaluaban con letras (I, A, B, E). En la Escuela nos ponían a memorizar todos los días la lección que recibíamos para el día siguiente. Los castigos que nos aplicaban eran muy fuertes, sin embargo a mi nunca me castigaron. A las niñas las colocaban en la mitad del patio arrodilladas encima de unos granos de maíz. Cuando nos pasaban al tablero y nos preguntaban algo y no sabíamos, nos daban con una regla de madera. Cuando estuve en tercero era otra maestra, pero sólo estuve con ella medio año; luego mi papá me llevó a estudiar a donde vive mi abuelo paterno. Allí pasé unos días horribles y terminé el tercer año. En esta escuela había sistema mixto y no eran tan exigentes con los alumnos, así que cuando yo contestaba o pasaba al tablero los otros niños me hacía el feo. Recuerdo que me pegaban y me ponían a hacerles las tareas porque ellos no la habían alcanzado a hacer. Como desde que yo estaba revisaban los cuadernos, yo terminaba haciendo la tarea de casi todos.
Después mi madre me llevó a otra escuela donde también era mixta pero allí no tenía problemas con mis compañeros. Tuve algunas compañeras con las que compartíamos mucho rato e incluso los fines de semana. Tenía un compañero que me llevaba a la par, es decir, si yo en una previa sacaba E, el sacaba B, pero después yo sacaba B y él sacaba E. Y así estábamos uno pendiente del otro. En este lugar yo visitaba la Biblioteca Municipal a diario, lugar donde me prestaban los libros para llevarlos a la casa. Mi preferencia eran juegos, cuentos infantiles y los referentes a mis tareas. Me gustaba consultar libros que tuvieron uno o dos grados más adelantados y cuando no podía con los ejercicios me ponía furiosa.
En el bachillerato no volví a visitar Bibliotecas pues yo trabajaba en el día y estudiaba en la noche. Seguí leyendo historias, cuentos y demás que encontraba en revistas que se me pasaran por el frente. Me leía dos o tres libros anuales fuera de mis textos, lo único feo fue que estando en Séptimo Bachillerato el Profesor de Español me hizo dar pereza porque todo el año la pasó hablando de adverbio y adjetivo, luego su clase se volvió aburrida.
Actualmente yo me considero buena lectora aunque haya bajado mi nivel. Sigo leyendo obras literarias pero en escritura soy muy regular. Escribía en el colegio pero por las tareas. Leo cuentos, novelas, libros de historia. Aunque sólo leo dos libros al año. Dentro de los libros que tengo están: la Biblia, Historias de Santos, como San Francisco, El Santo Pura de Ars, Santa Catalina María Marchuqui, la Psicología de la tentación, y una novela llamada El Perfume. También tengo algunos libros de tercero bachillerato. En realidad no tengo un lugar de preferencia para leer ni dispongo del tiempo para hacerlo. No visito Bibliotecas y donde yo trabajo hay libros de Derecho, la Constitución Política, Códigos de leyes y algunos libros de literatura. Deseo reforzar mi memorización y tener más autonomía en el momento de escribir.
ANÁLISIS
Cuando me senté a recordar me dí cuenta que algunos son recuerdos vagos, sobre todo los de mi niñez. Recordar como me golpeaban mis compañeros y me ponían a hacer las tareas, me produjo risa. Recordar a mis compañeras cuando visitaba la Biblioteca Municipal, fue muy agradable porque fue la época en qué más compartí la lectura.
La reflexión que me queda es que tengo que profundizar en mi escritura para mejorar y para tener más criterio, porque a veces no me concuerdan las ideas sobre lo que quiero escribir y dejo pensamientos sueltos al no encontrar palabras apropiadas.
[1] En la Costa Atlántica la palabra “plaza” no es un lugar para venta de mercado sino un espacio donde se hacen actividades como corralejas, concursos, etc. Hoy día es un parque llamado El Tamarindo.
En el patio de la casa hay algunos árboles frutales como tamarindo, ciruela, guayaba dulce, anón y también maracuyá. A veces mi mamá sembraba pepinos y tomates. Cuando pequeña yo jugaba con mis hermanos y no era buena en los juegos que tuvieran que ver con correr. Una vez, cuando tenía siete años jugando a la lleva me escalabré con un poste de luz. Mis hermanos se llaman: Doris Adaniris y Manuel. Recuerdo que mi hermano me hacía jugar con él fútbol y canicas, si no, se ponía furioso y me daba un palo. Con mi hermana jugábamos a las muñecas y terminábamos peleando porque ella dañaba las de ella y luego las mías.
Mi mamá nos hablaba mucho de Dios y nos hacía rezar antes de ir a dormir. Así mismo nos llevaba a misa los domingos. También nos contaba cuentos. En época de vacaciones a fin de año nos íbamos a donde mis abuelos maternos en un lugar rodeado de agua y de mosquitos. Siempre teníamos que irnos a dormir temprano por culpa de los zancudos, pero jugábamos todos los primos con el Tío Cándido, quien me consentía mucho porque, según él, yo me parecía a mi abuelita.
No recuerdo mi primer día de clases en la escuela, pero si recuerdo cuando me llevaron a hacer la prueba de admisión: la hermana me puso a leer y a escribir, a contar, a sumar y a restar, para ver si me recibían en el primer curso y le dijo a mi mamá que sí.
Yo ya había estado un año recibiendo clases en casa de una profesora por las mañanas. Ella nos enseñó a otros niños y a mí a leer con la cartilla Coquito; igualmente nos enseñó a contar, a sumar, a restar, a leer y a escribir. Luego fui a la escuela Santa Rosa de Lima que es de religiosas y allí sólo íbamos niñas. Yo estudiaba al principio por la tarde, y luego cuando estaba en tercero me cambiaron a la jornada matinal. La escuela era grande, tenía dos patios, había unos salones y un patio en una zona más alta que la otra. Yo estudié en la zona más alta los cursos primero y segundo. Luego en tercero me cambiaron a la profesora. Mi profesora de los dos primeros años recuerdo que se llama Rosario, ella era flaca, joven y nos enseñaba con alegría; nos colocaba a trabajar mezclando a las niñas que sabían con las que no sabían. Mi compañera se llamaba Bienvenida y a la pobre le costaba las matemáticas. Nos evaluaban con letras (I, A, B, E). En la Escuela nos ponían a memorizar todos los días la lección que recibíamos para el día siguiente. Los castigos que nos aplicaban eran muy fuertes, sin embargo a mi nunca me castigaron. A las niñas las colocaban en la mitad del patio arrodilladas encima de unos granos de maíz. Cuando nos pasaban al tablero y nos preguntaban algo y no sabíamos, nos daban con una regla de madera. Cuando estuve en tercero era otra maestra, pero sólo estuve con ella medio año; luego mi papá me llevó a estudiar a donde vive mi abuelo paterno. Allí pasé unos días horribles y terminé el tercer año. En esta escuela había sistema mixto y no eran tan exigentes con los alumnos, así que cuando yo contestaba o pasaba al tablero los otros niños me hacía el feo. Recuerdo que me pegaban y me ponían a hacerles las tareas porque ellos no la habían alcanzado a hacer. Como desde que yo estaba revisaban los cuadernos, yo terminaba haciendo la tarea de casi todos.
Después mi madre me llevó a otra escuela donde también era mixta pero allí no tenía problemas con mis compañeros. Tuve algunas compañeras con las que compartíamos mucho rato e incluso los fines de semana. Tenía un compañero que me llevaba a la par, es decir, si yo en una previa sacaba E, el sacaba B, pero después yo sacaba B y él sacaba E. Y así estábamos uno pendiente del otro. En este lugar yo visitaba la Biblioteca Municipal a diario, lugar donde me prestaban los libros para llevarlos a la casa. Mi preferencia eran juegos, cuentos infantiles y los referentes a mis tareas. Me gustaba consultar libros que tuvieron uno o dos grados más adelantados y cuando no podía con los ejercicios me ponía furiosa.
En el bachillerato no volví a visitar Bibliotecas pues yo trabajaba en el día y estudiaba en la noche. Seguí leyendo historias, cuentos y demás que encontraba en revistas que se me pasaran por el frente. Me leía dos o tres libros anuales fuera de mis textos, lo único feo fue que estando en Séptimo Bachillerato el Profesor de Español me hizo dar pereza porque todo el año la pasó hablando de adverbio y adjetivo, luego su clase se volvió aburrida.
Actualmente yo me considero buena lectora aunque haya bajado mi nivel. Sigo leyendo obras literarias pero en escritura soy muy regular. Escribía en el colegio pero por las tareas. Leo cuentos, novelas, libros de historia. Aunque sólo leo dos libros al año. Dentro de los libros que tengo están: la Biblia, Historias de Santos, como San Francisco, El Santo Pura de Ars, Santa Catalina María Marchuqui, la Psicología de la tentación, y una novela llamada El Perfume. También tengo algunos libros de tercero bachillerato. En realidad no tengo un lugar de preferencia para leer ni dispongo del tiempo para hacerlo. No visito Bibliotecas y donde yo trabajo hay libros de Derecho, la Constitución Política, Códigos de leyes y algunos libros de literatura. Deseo reforzar mi memorización y tener más autonomía en el momento de escribir.
ANÁLISIS
Cuando me senté a recordar me dí cuenta que algunos son recuerdos vagos, sobre todo los de mi niñez. Recordar como me golpeaban mis compañeros y me ponían a hacer las tareas, me produjo risa. Recordar a mis compañeras cuando visitaba la Biblioteca Municipal, fue muy agradable porque fue la época en qué más compartí la lectura.
La reflexión que me queda es que tengo que profundizar en mi escritura para mejorar y para tener más criterio, porque a veces no me concuerdan las ideas sobre lo que quiero escribir y dejo pensamientos sueltos al no encontrar palabras apropiadas.
[1] En la Costa Atlántica la palabra “plaza” no es un lugar para venta de mercado sino un espacio donde se hacen actividades como corralejas, concursos, etc. Hoy día es un parque llamado El Tamarindo.
1 comentario:
SILVIS A. VILLARREAL
La historia está bien redactada, tiene buena iniciativa para escribir.
Veo que cuida el buen uso de la puntucación y la acentuación.
Lo que faltó es leer bien la guía, pues el trabajo está incompleto en cuanto al informe sobre el autodiagnóstico, su análisis y la interpretación de la Historia lectora. También le falta reflejar la lectura de Daniel Cassany.
Calificación: 3.4
Debe completar el trabajo.
Lea y comente dos trabajos de sus compañeros, esto le ayudará a mejorar el suyo.
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