jueves, marzo 02, 2006

HISTORIA DE MARIA LUDIN RINCON DURAN



Con el deber de cumplir con la labor académica requerida para la asignatura de Taller de Lenguaje, intento esbozar un auto-diagnóstico de mi proceso lecto-escritor, con las herramientas que tengo actualmente y con la mayor sinceridad posible.

Parto del análisis del cuestionario plasmado en la página 19 del módulo que estamos trabajando, para continuar con mi experiencia en esta labor de lecto-escritora. Y por último unas sencillas conclusiones, como ya expresé con la sencillez y franqueza que me caracterizan.

Siguiendo los lineamientos planteados en la lectura “¿Cómo Interpretar el autodiagnóstico lectoescritor del módulo?”, veo que en este proceso tengo varias deficiencias.

Aunque normalmente cuando leo un libro es porque el tema planteado me interesa, tan sólo alcanzo los parámetros establecidos en el ítem: Revisión preliminar y presaberes. Según el documento me falta encontrar relación significativa a los contenidos de las lecturas; así mismo nunca planeo este proceso o si lo hago, es inconscientemente. Así mismo considero que mi mayor problema es la dificultad que tengo para concentrarme.


Mi historia del proceso lecto escritor se remonta a muchos años atrás en el municipio de Floridablanca, donde nací. El primer recuerdo de mi infancia precisamente es cuando nos trasladamos a Bucaramanga, una madrugada fría, en el camión de un familiar, situación que en mì produjo un sentimiento de soledad. Arribamos al barrio La Ceiba en donde ha vivido mi familia toda la vida. La casa que habitamos era amplia, de tal forma que inicialmente se convirtió en nuestro campo de juegos; tenía un patio con jardín y árboles frutales (papaya, uvos, badeas, entre otros).

Antes de entrar al Colegio a “Kinder” en esa época, mi aprendizaje del mundo era a través de mis padres y tíos maternos que vivían con nosotros. Mi papá era suboficial de la Policía y por lo tanto era mas frecuente su ausencia que su permanencia en casa; mi mamá, señora humilde de origen campesino, dedicada por completo a su hogar y al cuidado de sus hijos. Recuerdo como los imitaba con el periódico, especialmente los domingos, cuando obviamente miraba los ‘comics’. Hábito de leer obras como tal, no lo recuerdo en mi niñez. Mi tiempo pasaba colaborando en los quehaceres domésticos, jugando con los otros niños de la “cuadra”, y por las noches nos reuníamos con las vecinas a escuchar cuentos de terror (la llorona, las brujas, el jinete sin cabeza).

Por ser la hija tercera de seis hermanos, no era para nada la consentida y mucho menos sobreprotegida; creo que por esto mi primer día de colegio, fue como cualquier otro. Mi profesora de kinder era la “señorita Ligia” como nos enseñaron a llamarla, una persona muy linda, tanto física como espiritualmente, con la paciencia que debe caracterizar a quien se dedica a enseñar a leer y escribir a más de treinta niñas, con la cartilla “Coquito” como guía.

Durante la primaria me gustaba leer todos los textos escolares y era de las alumnas mas “juiciosas” de la clase. Hasta ahora siempre había pensado que sabía leer perfectamente, porque mis profesoras tanto de primaria como de secundaria fueron excelentes. En el colegio donde estudié se acostumbraba a realizar el acto de izar la bandera todos los meses y en éste de exaltaba a los mejores alumnos, colocándole una “medalla” que podía portar durante todo el mes. A mí me daba “oso” como dicen hoy los muchachos y una de mis compañeras le comentó a la profesora; de tal forma que me quitaron la medalla y se la ofrecieron a otra compañera. Esto me dolió, no tanto por el “quitarme la medalla” sino por la actitud de mi maestra, quien no se preocupó de dialogar conmigo al respecto.

En secundaria recuerdo especialmente mi profesora de español; para quien todos los años era indispensable leer por lo menos dos obras literarias con su correspondiente análisis. La señora Beatriz (profesora de inglés y español), nos decía: “Lean todos los días, cualquier cosa pero lean; así sea novelas de Corin Tellado”. Personalmente seguí su consejo y en aquella época, fácilmente podía leer un libro en tres días; como por ejemplo la colección de Los Reyes Malditos, Vientos de Guerra, las obras de Lobsan Rampa; algunos libros de Gabriel García Márquez; más adelante me incliné hacia los libros de Richard Bach, como Juan Salvador Gaviota, Ilusiones, Puente al Infinito, entre otros.

Terminada la secundaria, leí algunos libros de metafísica y ya en la universidad, los libros que leía obviamente eran sobre mi profesión.

Actualmente no leo con la misma frecuencia que antes, debido a lo estresante de mi trabajo.

En conclusión creo que, para poder llevar a feliz término la tarea que he emprendido, como es el estudio de la Tecnología Jurídica, debo retomar el hábito de la lectura, poniendo en pràctica los parámetros y técnicas que aprendemos en la lectoescritura.

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